Impulsados por la necesidad de superar la falta de oportunidades, la exclusión, la pobreza, la desigualdad, las brechas territoriales y sociales, que limitan el desarrollo de millones de panameños; y preocupados por el avance de la corrupción, la impunidad y la degradación ética que han debilitado las instituciones y erosionado la confianza ciudadana;
Conscientes de la responsabilidad de rescatar la dignidad de la función pública, fortalecer la integridad de las instituciones y transformar un sistema político marcado por el clientelismo, la ausencia de rendición de cuentas y el uso indebido de los recursos del Estado, prácticas que han distorsionado la voluntad popular y debilitan nuestra democracia;
Atentos a las transformaciones de un mundo cada vez más competitivo, interconectado y cambiante, reconocemos que la prosperidad de nuestro país no está garantizada, y que nuestras ventajas pueden erosionarse si no fortalecemos la educación, el talento humano, la innovación, la productividad, la institucionalidad y la capacidad del país para generar oportunidades de calidad en todo el territorio;
Movidos por la firme convicción de que la soberanía reside en el pueblo y de que el poder público solo adquiere legitimidad cuando se ejerce con honestidad, transparencia, responsabilidad, límites y vocación de servicio, asumimos el compromiso de construir una democracia auténticamente participativa, con instituciones de control independientes, contrapesos efectivos, fiscalización permanente y mecanismos reales para que la ciudadanía incida, supervise y exija cuentas sobre las decisiones públicas;
Convencidos de que Panamá tiene todo lo necesario para convertirse en una nación con altos niveles de desarrollo humano, competitividad, bienestar, sostenibilidad e institucionalidad: su posición estratégica, su gente talentosa y su vocación histórica al servicio del mundo, aspiramos a un país modelo, una nación a la altura de las más avanzadas del mundo, donde la innovación y la tecnología estén al servicio del ciudadano; donde los servicios públicos funcionen con excelencia y eficiencia; donde la preparación y el esfuerzo abran las puertas del progreso; y donde cada panameño encuentre oportunidades reales para desarrollar todo su potencial;
Inspirados por la responsabilidad de legar a las presentes y futuras generaciones una nación más justa, libre, próspera y unida, nos comprometemos a construir instituciones que trasciendan gobiernos y elecciones, reduzcan las brechas sociales y territoriales, y garanticen a cada persona la posibilidad de vivir con dignidad, seguridad, libertad y esperanza;
Confiados en que el cambio es posible porque la evidencia así lo demuestra, reafirmamos que la buena política sí existe y que hemos mostrado que se puede servir con honestidad, preparación y resultados, anteponiendo el país a los intereses personales. Panamá puede aspirar a más porque hemos comprobado que gobernar con integridad, evidencia y vocación de servicio convierte la transformación en una tarea posible;
Esta Declaración recoge la escucha sostenida de la coalición con la ciudadanía. Hemos dialogado con mujeres, jóvenes, personas mayores, personas con discapacidad, pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes, agricultores, trabajadores formales e informales, empresarios grandes y pequeños, docentes, profesionales de la salud, líderes comunitarios y organizaciones de la sociedad civil de todo el país. Sus voces, sus preocupaciones y sus propuestas están detrás de cada línea que sigue. Esta escucha nos compromete a reconocer las distintas realidades que conviven en Panamá y a trabajar para eliminar las barreras que impiden participar, ejercer derechos y decidir en igualdad de condiciones. No basta con abrir espacios: debemos procurar que todas las personas puedan hacer oír su voz e incidir en las decisiones que les afectan. Los principios que declaramos no son un ejercicio de escritorio: son la traducción de lo que Panamá nos ha dicho que necesita y de aquello por lo que estamos dispuestos a trabajar;
Hoy convertimos un movimiento en un proyecto duradero, ofreciéndole al país una organización política diferente. No renunciamos a nuestra esencia; la protegemos, la fortalecemos y la ponemos al servicio de una visión nacional de largo plazo. Esta organización no es un fin en sí misma, sino el vehículo que nos permite sostener en el tiempo la participación ciudadana y la capacidad de transformar a Panamá.